Medea

Medea es traicionada por su esposo Jasón que la abandona para casarse con Creúsa, hija de Creonte, rey de Corinto. Abandonada y desterrada de Corinto, Medea decide vengarse de Jasón con sus artes mágicas y de hechicería, haciendo que se pierda a todos sus seres queridos.

Como opina A. Lesky en su Historia de la Literatura Griega: “No conocemos otra tragedia griega que está a tal punto agitada por los poderes que surgen del alma humana para realizar actos demoníacos.”

Todos nos hemos planteado alguna vez hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por amor, pero ¿y por odio? ¿Se puede transformar el amor en un odio tan potente que sea capaz de aniquilar todo lo que toque?

Medea nos demuestra que sí. Un amor tan apasionado como luego será su sed de venganza la hace emprender un camino sin retorno hacia un mundo ajeno al suyo. Ese nuevo mundo, que siempre será prestado, se desmorona en el momento en que su marido la abandona.

En nuestra Medea, que sigue lo más fielmente posible el texto de Eurípides, hemos querido darle un papel importante al mar, que aparece repetidamente en la obra. Ese mar que Medea atraviesa siguiendo a Jasón y que se convierte en el espacio insalvable que la convertirá irremediablemente en una extranjera para siempre.